Antes de profundizar en el estudio de la Capellanía, es necesario saber que significa la palabra Capellanía, y su trasfondo bíblico. Empezamos clarificando que la Capellanía no fue inventada por ninguna institución terrenal, no se originó del gobierno ni en ninguna nación, tampoco la origino el establecimiento militar, o hospital; sino que fue una idea que vino de Dios, por lo tanto es entonces necesario darle la más alta importancia para poder desarrollarla y ponerla en acción.

El ministerio de la capellanía es un llamamiento antiguo y noble dentro de la iglesia. El ministerio del capellán es compartir y ofrecer el amor de Dios a todos aquellos que se encuentren en necesidad. Los capellanes son hombres y mujeres que aceptan el compromiso de ser instrumentos de Dios en su proceso de restaurar la salud mental, física, social y espiritual de la humanidad – especialmente de los más necesitados.

Un capellán es una persona que ha aceptado el llamamiento del Señor Jesucristo de servir a la humanidad en el espíritu expresado por Lucas 4:18-19 que dice: “El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor.”

Un Capellán, es un Ministro que ha recibido el llamado del Señor Jesucristo, para servir a la sociedad o a una comunidad, a través de un ministerio; sea de: consejería, reconciliación, prevención, sostenimiento espiritual, guiar, capacitar, rehabilitar, ministrar, asistir, resocializar, ejecutar actos religiosos, administrar, proveer ayuda en especie o económica o salud, etc.; tal como lo indica la Biblia y lo que realizó el Señor Jesucristo, personalmente.

Hoy día, el término capellán hace referencia a aquellos ministros que ejercen su labor pastoral en instituciones públicas y privadas representando no a una iglesia o congregación en particular, sino al creador y sustentador del universo.

El capellán es el ministro que no espera que la gente le venga a la iglesia con sus necesidades, sino sale a buscar a los necesitados en donde estén. La bendita presencia de los capellanes se hace notoria tradicionalmente en asilos, cárceles, hospitales, e instalaciones militares.

Pero su socorro y consejo espiritual se extiende a universidades, agencias públicas como el cuerpo de bomberos y policías, clubes cívicos, instituciones benéficas, y en los barrios bajos y la calle misma.

Algunas funciones del Capellán

Los Capellanes practican las funciones de Pastor, Maestro, Evangelista, Doctores, y Profetas (5 ministerios de Efesios 4:11), Consejeros y Administradores en asuntos determinados ya que representan a Jesucristo y la Iglesia desde fuera de sus cuatro paredes y desde «dentro» de la agencia en que ministre.

Las funciones del capellán son varias dependiendo de las necesidades que las personas presentan. Pero siempre es un representante de Dios, un pastor espiritual, y un consejero.

1) Como “representante de Dios,” lleva ante el Señor las necesidades de su pueblo. El capellán está atento a oír las penas y temores de la gente: comparte sus alegrías y esperanzas y los levanta después de los fracasos. Por su interés personal, su disposición de compartir con la gente en lo bueno y en lo malo, y por el socorro que les da, la gente siente el amor de Dios.

2) Como “pastor espiritual,” él le recuerda a la gente que solamente hay vida en Jesucristo y que nuestra vida solamente tiene sentido en él. El capellán le recuerda a la gente la importancia de seguir los principios de vida establecidos por Dios. Su presencia bendice a la gente y les da fortaleza para seguir adelante un día a la vez, manteniendo la vista en Cristo.

3) Como “consejero cristiano,” el capellán ayuda a la gente a utilizar sus recursos espirituales, y a tomar decisiones de acuerdo con la voluntad de Dios. Oye a la gente y les comparte sabiduría. Les da calma espiritual y tranquilidad mental para que puedan salir de sus problemas.

Son Consejeros cuando reconocen la unicidad de cada persona motivando a que ejerciten los recursos espirituales en el proceso de tomar decisiones con el fin de que alcancen la madurez y la estatura humana sugerida por Dios.

Son Consejeros al escuchar de manera atenta, sin juzgar, sin condenar, las historias que las personas nos presentan, pero al mismo tiempo, ayudándoles a que examinen estas historias con la lente de Dios y con ojos espirituales.

Son Consejeros cuando dependiendo de la sabiduría divina, ofrecen información y consejo con el propósito de que las personas puedan tomar decisiones de acuerdo con la voluntad de Dios.

En su ministerio los capellanes, tienen que buscar la dirección de Dios para ministrar. Dependen de Dios para abrir las puertas a las instituciones y tocar los corazones de las personas que los administran. Es de suma importancia conseguir permiso para entrar y luego hay que seguir las reglas de la institución al pie de la letra.

Las mujeres que se dedican a la capellanía se pueden dedicar a un área de gran necesidad, que es la protección de mujeres sufriendo de abuso sexual y la violencia doméstica. Estas mujeres necesitan consejería cristiana, asesoramiento legal, y un refugio en donde pueden esconderse con sus hijos de sus esposos o compañeros violentos. Refugios de este tipo, igual que clínicas de recuperación de adicciones, merecen el apoyo económico de la comunidad.

El capellán de hospital puede orar con los enfermos y avisar a su ministro o familiares de su condición. También puede ministrar a los familiares del enfermo en la sala de espera. Después puede visitar a los enfermos en casa, animándoles en su recuperación y presentándoles el plan de salvación.

El capellán de asilos de ancianos puede dar compañerismo y organizar programas cristianos o musicales para personas que no pueden salir mucho y a veces están sin visitas familiares.

Encontramos este ejemplo de “visitación” desde el principio de la humanidad, en el huerto del Edén, donde Dios camino y hablo con Adán y Eva; de acuerdo a lo que está escrito en Génesis 3:8 “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia (Visitación) de Jehová Dios entre los árboles del huerto”

Por lo tanto, podemos decir que la Capellanía (Visitación en tiempos de bendición, como en tiempo de angustia) fue una acción la cual empezó con Dios; la idea vino de Él y se originó con El. Dios también directamente visito a Israel en varias ocasiones:

1- Abraham: Génesis 12:115:1-1217:1-2218:1-2222:1

2- Sara: Génesis 21:1

3- Moisés: Éxodo 3:1-53:163:1-3

4- Josué: Josué 1:1-9

5- Gedeón: Jueces 6:11

6- Samuel: 1 Samuel 3:415:10-11

7- Isaías: Jeremías 1:4-1033:6

La visita divina a Su pueblo se completó con la venida de Jesucristo en la plenitud de los tiempos (Juan 3:16-17) La Palabra de Dios nos dice que el no vino por los sanos, sino por los enfermos (Marcos 2:17) El Señor Jesucristo también instruyo a sus discípulos para que también ellos visiten a otros (Mateo 9:3510:6

Seguro que el capellán conoce mejor que nadie las necesidades de su pueblo. Quizá Dios le llamó a ser capellán para suplir estas necesidades. Si es así, su recompensa será grande, como fue prometido en la Palabra de Dios.

“Entonces, el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mi lo hicisteis.” (Mateo 25:34-40).

FUNDAMENTO TEOLÓGICO DE LA CAPELLANÍA

 El amor es el fundamento sobre el cual descansa todo ministerio cristiano, y especialmente en la capellanía. En conformidad con la teología cristiana, «Nosotros amamos porque Dios nos amó primero» (1 Juan 4:19; Romanos 5:6). Dios es la fuente del motivo del amor, y éste, por su parte guía el alma de regreso a Dios como el objeto del amor.

Pablo nos dice: «Todas vuestras cosas sean hechas en amor» (1 Corintios 16:14). El amor es comunión entre personas, es una acción de entrega personal. Se destaca el amor como el más excelente de los dones (1 Corintios 13). Es el punto de contacto entre Dios y el ser humano. Nadie puede vivir una vida de servicio al prójimo si no sucede en el vínculo del amor que brota del Espíritu.

Jesús resume toda la ley en el precepto del amor de Dios y del prójimo (Marcos 12:28-31; Mateo 7:12). Por lo tanto, se puede apreciar que el amor al prójimo está inmerso en el amor a Dios (1 Juan 3:14-22; 4:20) y en él se funda (Mateo 5:45). Tanto el amor a Dios (Mateo 7:21; cf. Lucas 6:46; Marcos 10:19) como el amor al prójimo, para que sean veraces han de ser efectivos (Mateo 5:21-2; 38-47; 25:34-46). El amor al prójimo es un mandato siempre vigente (Levítico 19:18; Mateo 19:19; 22:39; Lucas 10:27; Santiago 2:8).

La persona que se desempeña como capellán ejerce una función pastoral que debe seguir el modelo de Jesús y las enseñanzas bíblicas en relación al oficio del cuidado pastoral (Salmo 23; Juan 10:11; Hebreos 13:20; 1 Pedro 5:4; 2 Corintios 11:29; 3 Juan 3-4).

Hablamos de hombres y mujeres que están dispuestos a dedicar parte de su tiempo a ayudar y a consolar en su tránsito de la vida a otros hombres y mujeres que están atravesando momentos difíciles, dispuestos a llevar la presencia restauradora de Dios a sus vidas. El capellán debe ser Presencia de Dios y Palabra de Dios vivida para los demás.

Siendo que la labor de la Capellanía, es Profesional, también tiene sus límites; por lo que se hace necesario, examinar con mucho detalle, hasta donde se encuentran demarcados esos límites. En todo lo que hagamos, no todos los resultados van a ser exitosos (aunque ese es nuestro objetivo); por lo que debemos estar preparados para muchas derrotas, a través de ellas aprenderemos a no cometer los mismos errores.

Podrían enumerarse algunos de esos límites, no con ello abarcando el total posible.

1) Reconocer que el poder sanador y transformador reside en Dios y que los capellanes consejeros son solo colaboradores con El. «porque yo soy Jehová tu sanador.» (Éxodo 15.26) «El sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas.» (Salmo 147.3). Los consejeros eficaces hacen uso de este poder divino a través de la oración constante.

2) Representamos el carácter de Dios, el cual es amor, (1 Juan 4:8), en todas las intervenciones pastorales de los capellanes. «amaras a tu prójimo como a ti mismo.» (Levítico 19:18) «Todas vuestras cosas sean hechas con amor.» (1 Corintios 16.14) «servíos por amor los unos a los otros.» (Gálatas 5:13). Los estudios científicos en esta área muestran que el amor es un factor clave en el proceso de cambio y en el logro de una buena salud mental.

3) Los capellanes necesitamos ayuda, al igual que las personas que nos buscan; somos creados con la capacidad de responder de manera particular a la voz del Espíritu Santo, por lo tanto, tenemos el mismo acceso al poder transformador de la gracia de Dios. «Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviara en mi nombre, él os enseñara todas las cosas, y os recordara todo lo que yo os he dicho.» (Juan 14:26). Esta aptitud de creer en la capacidad de los demás, es otro factor determinante de cambio y crecimiento.

4) Confiar en nuestro concepto equilibrado y moderado de mí mismo y de mis capacidades. Esto implica que los capellanes consejeros eficaces tienen un concepto positivo de ellos mismos y confían que han sido llamados y equipados con habilidades en el campo de la consejería pastoral. «que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de si con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. No altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.» (Romanos 12:3, 16).

Muchos capellanes consejeros celebran las capacidades o auto eficacia que tienen, pero al mismo tiempo deben reconocer que ellos mismos están en el proceso de ser transformados. El ministro, «que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que el también está rodeado de debilidad; y por causa de ella debe ofrecer por los pecados, tanto por sí mismo como también por el pueblo.» (Hebreos 5:23).

5) Aceptar y respetar a los seres humanos, por el hecho de que fueron creados a la imagen de Dios. «Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza;» (Génesis 1:26). Esto implica que los seres humanos fuimos creados con la libertad y capacidad de escoger, de ser co-creadores con Dios, así como también, con la capacidad de influir el ambiente en el cual se desenvuelven. Los capellanes consejeros(as) eficaces creen en su propia capacidad creativa y en la de aquellos que vienen en busca de ayuda terapéutica. Esta aptitud creativa conlleva a los consejeros a respetar la unicidad de cada ser humano y así son flexibles con respecto a las técnicas o modelos de acercamiento o abordaje que usen.

6) Aptitud para cuidar e interés genuino en el bienestar de los demás. En los cuarenta días que el Señor Jesucristo paso en la tierra, después de su resurrección se le apareció al Apóstol Pedro y tres veces le pregunto, «Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos? Le respondió: Si, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Si, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿Me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.» (Juan 21:15-17).

Cuidar a nuestros semejantes implica mostrar interés por ellos y estar dispuestos a estar con ellos cuando enfrenten los desafíos de la vida. «no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.» (Filipenses 2:4). Cuidar también se refiere a la disposición y actitud constante de interesarnos en los demás al valorar la unicidad de las personas, así como también, en amor y esperanza, contribuir al crecimiento y madurez integral de ellos. «compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.» (Romanos 12:13)

7) Al comunicar, al expresar compasión y empatía, con aquellos que solicitan la ayuda. «Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.» (Romanos 12:15) «Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, Jesús lloro. Dijeron entonces los judíos: Mirad como le amaba.» (Juan 11:33, 35-36). Un factor determinante en la eficacia de la terapia, es la capacidad que tenga el capellán consejero o psicoterapeuta de transmitir empatía y de tener compasión. «así hablo Jehová de los ejércitos, diciendo: Juzgad conforme a la verdad, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano;» (Zacarías 7:9) «Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdono a vosotros en Cristo.» (Efesios 4:32)

8) El capellán debe llevar al asistido a creer; el ser humano tiene una parte activa en el proceso de la sanidad. «Jesús le dijo: Recíbela, tu fe te ha salvado.» (Lucas 18:42)

9) El capellán debe estar dispuesto a vivir con los misterios de Dios, de la vida y no tanto a resolverlos. A nosotros se nos ha confiado los «misterios de Dios», pero el llamado es a vivir en los misterios y no tanto a resolverlos. «¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegaras tú a la perfección del Todopoderoso? Es más alta que los cielos; ¿qué harás? Es más profunda que el Seol; ¿cómo la conocerás? Su dimensión es más extensa que la tierra, y más ancha que el mar» (Job 11:79). Los consejeros eficaces reconocen que la vida está llena de misterios y que muchos de ellos son impenetrables.

El llamado es para aquellos que tratan de cuidar el bienestar espiritual de los demás no es primordialmente el de resolver los rompecabezas de la vida; sino mas bien, el aceptar la invitación a apreciar las paradojas y los misterios de la vida. Este reconocimiento de los misterios de la vida conlleva a los consejeros eficaces a tolerar la incertidumbre y sobre todo al mundo de lo desconocido. Existe una correlación directa entre el nivel de tolerancia a lo desconocido que muestren los consejeros y el resultado positivo de la psicoterapia.

10) Al escuchar y ver lo que ordinariamente las demás personas no oyen ni miran. Los capellanes consejeros eficaces escuchan atentamente sin interrumpir ni juzgar lo que se dice o se expresa verbal o corporalmente. «Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar,» (Santiago 1:19). «Al que responde palabra antes de oír, le es fatuidad y oprobio.» (Proverbios 18:13).

11) Estar conscientes de las fortalezas, las motivaciones, del impacto de las emociones, de las necesidades personales, de las capacidades de manejo y resistencia; así como también, de las debilidades; a estar más abiertos a la reciprocidad del proceso y a ser más efectivos en el proceso terapéutico, con aquellos que vienen en busca de ayuda.

12) Tener la disposición a consultar con otros profesionales. «Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman.» (Proverbios 15:22).

13) Al aconsejar se debe tener en cuenta los siguientes elementos: escuchar, atender, reflejar y aceptar; pero, también usar la autoridad profética para confrontar con amor las creencias o pensamientos irracionales, comportamientos autodestructivos, auto derrotistas y patrones relacionales perjudiciales. «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.» (Romanos 12:2).

14) Entender que los seres humanos estamos en proceso; que la renovación y transformación, es una ocurrencia diaria y constante. «aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.» (2 Corintios 4:16). La gracia transformadora de Dios trabaja de manera silenciosa y su trabajo toma lugar en el ser interior y se proyecta en la conducta externa del ser humano. «El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomo una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado.» (Mateo 13:33). El entender que los seres humanos estamos en proceso, conlleva a los consejeros a no confiar en el proceso y con paciencia reafirmar que Aquel que comenzó el trabajo en las personas lo va a terminar (Filipenses 1:6). «que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.» (1 Tesalonicenses 5:14).

15) Somos vulnerables y humanos. Cada capellán ve la sabia autorevelación como parte importante del proceso de cambio. «Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas, no para que fueseis contristados, sino para que supieseis cuán grande es el amor que os tengo.» (2 Corintios 2:4).

16) Los Capellanes eficaces reconocen con humildad su autoridad y la usan sabiamente para el bienestar de los demás. «Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad.» (Tito 2.15). El Señor Jesucristo presento un concepto y paradigma de autoridad distinto, el cual invita a dirigir con y no a dirigir sobre los demás. «Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve.» (Lucas 22:25-26).

17) Mantener un sentido de humor saludable. «El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos.» (Proverbios 17:22).

18) Los Capellanes eficaces reconocen que son falibles y admiten cuando cometen errores.

19) Los Capellanes eficaces reconocen, que al intervenir en la consejería ellos no hacen discriminación de raza; sino, que traen consigo un conjunto de valores que influyen la relación terapéutica y por el hecho de estar consciente de esta realidad, ellos tratan de ser objetivos en sus intervenciones y evitan así imponer sus valores.

20) Los Capellanes eficaces deben manifestar que son amigables y hospitalarios. «Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición.» (1 Pedro 3:8-9).

 La atención espiritual se deriva de la imagen bíblica del pastor que cuida a su rebaño. De una manera muy amplia e inclusiva, la atención espiritual incorpora a todos los ministerios que se dedican a cuidar y nutrir a las personas y sus relaciones dentro de una comunidad. Esto puede incluir un enfoque clásico de interpretación, oración, y meditación, así como un enfoque más contemporáneo como la importancia presencial, el escuchar, y la reflexión. La atención espiritual es frecuentemente vista como la provisión de una presencia calma, el escuchar sin juzgar, una intervención solidaria, y la esperanza que se puede tener a través de la fe en Jesucristo.

CONCLUSIÓN

Un capellán eficaz necesita poseer ciertos atributos personales y habilidades profesionales que le permita facilitar el proceso de exploración, introspección, cambio, crecimiento integral y sanidad interior de aquellos que soliciten la ayuda terapéutica. Para ofrecer consejería pastoral con eficacia se necesita más que buenas intenciones de ayudar a los demás.

Las palabras del Patriarca Job ilustran este punto: «Y tres amigos de Job, Elifaz temanita, Bildad suhita, y Zofar naamatita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían convenido en venir juntos para condolerse de el y para consolarle. Los cuales, alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron a gritos; y cada uno de ellos rasgo su manto, y los tres esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo. Así se sentaron con el en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande.» (Job 2.1113)

Hasta este momento estos tres consejeros estaban facilitando el proceso y acompañando de manera efectiva al Patriarca Job. Pero luego cuando deciden cambiar de estrategia de intervención y comienzan de manera toxica a interpretar la desgracia de Job y a ofrecer soluciones simplistas, el Patriarca categorizó el acercamiento de ellos como mediocre y destructivo. «Muchas veces he oído cosas como estas; Consoladores molestos sois todos vosotros.» (Job 16.2).

Encontramos mas tarde en el relato que Dios mismo les dijo a los tres consejeros, que lo que habían dicho acerca de Él estaba equivocado. «Y aconteció que después que hablo Jehová estas palabras a Job, Jehová dijo a Elifaz temanita: Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros; porque no habéis hablado de mi lo recto, como mi siervo Job. Ahora, pues, tomaos siete becerros y siete carneros, e id a mi siervo Job, y ofreced holocausto por vosotros, y mi siervo Job orara por vosotros; porque de cierto a él atenderé para no trataros afrentosamente, por cuanto no habéis hablado de mí con rectitud, como mi siervo Job.» (Job 42.7-8).

Este relato bíblico señala entonces que la intervención de un capellán consejero o psicoterapeuta pastoral, puede construir o destruir, ayudar o hacer daño. La diferencia de los resultados dependerá de las características humanas de los consejeros y de las estrategias que usen.

Todos tenemos muy poca experiencia en la vida como para vivirla sin guía alguna. La Palabra de Dios, es esa guía. El Salmo 119 revela múltiples aspectos de la Palabra de Dios y muestra cuanto puede asistirnos en las circunstancias prácticas de la vida. Pero ningún versículo en particular, aborda esto más claramente que el versículo 105, donde la Palabra de Dios se compara a una lámpara que alumbra nuestro camino, dirige cada uno de nuestros pasos («a mis pies») y brinda sabiduría a nuestros planes futuros («a mi camino»).

Josué vincula la aplicación regular de la Palabra de Dios a la vida como el camino más seguro, tanto para el éxito como para la prosperidad (Josué 1:8). Además, el Salmo 119:130 destaca la sabiduría que la Palabra de Dios ofrece al «simple» (del hebreo pethawee), una verdad que advierte contra tomar decisiones basadas en sinrazones o engaños humanos. También Proverbios 6:23 nos recuerda que las «admoniciones» o correcciones que la Biblia contiene son parte de la «luz» que nos ofrece, tanto como cualquier otra afirmación positiva que podamos hallar en ella. Permita que la Palabra de Dios le guíe, corrija, instruya, dirija, enseñe y confirme. Jamás se apresure a actuar sin ella.

“… el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” (Marcos 10: 43-45)